ESCULTURA PRETÉRITA

En el noroeste argentino se sucedieron las más importantes culturas prehispánicas, aproximadamente a partir del año  600 a.C. Las principales producciones plásticas fueron realizadas en cerámica, talla en piedra y metalurgia; con ausencia de grandes construcciones arquitectónicas y escultura monumental. El  fundamento del repertorio iconográfico de los pueblos arcaicos  tiene un carácter sagrado y colectivo, como manifestación de la interpretación de la realidad tormentosa y de una naturaleza amenazante, ante la necesidad de mitigar la angustia y sentir la protección de sus deidades,  las imágenes expresan y recrean sus vivencias y creencias. Son creaciones simbólicas, con intención prioritariamente comunicativa e integradora, expresiones de toda una sociedad.  Por tratarse de productos mítico-religiosos, la artisticidad carecía entonces de significado ya que ese criterio valorativo corresponde a convenciones distintas a ese marco sociocultural.

  Las imágenes precoloniales generadas por formas sensibles, respondían a un impulso creativo,  no eran consideradas como obras de arte por el grupo que las producía, sino que tenían un valor social. Las motivaciones de las producciones fueron religiosas, comunitarias, astronómicas y fundamentalmente simbólicas, como respuesta a una necesidad de corporizar lo sagrado, pero la verdad sígnica probablemente nunca se develará, según el  criterio de la mayoría de los estudiosos del  tema.

 Las expresiones plásticas más antiguas de la zona andina fueron el tejido y la cestería cuya iconografía influyó en la decoración cerámica donde se utilizaron imágenes geometrizadas de seres míticos y símbolos de contenido religioso.

  En base a la recurrencia, evolución y variabilidad temática se establecieron múltiples hipótesis sobre el sentido conceptual de la producción precolombina. Existe consenso en la mayoría de ellas  en que el jaguar y sus transformaciones son recursos simbólicos de significación esencial y representa el pensamiento, mito y ritual de las distintas culturas americanas. Se lo vincula además al  consumo de alucinógenos en prácticas chamánicas  durante el ceremonialismo propiciatorio de lluvias y a la leyenda del hombre-tigre. El “complejo de transformación chamánico formó parte importante de la iconografía de las culturas Tafí, Condorhuasi, Alamito, Ciénaga y Aguada.

 En la alfarería estilo Portezuelo de la cultura Aguada, se llega a una abstracción extrema del tema felínico, combinado con  fragmentación de la figura humana, de gran creatividad y criterio estético. En el trabajo lítico, destinado al rito y ceremonial, la escultura se reveló desde sus comienzos, plena de vitalidad y dominio técnico.

 En el arte precolonial no existió una unidad de estilo entre los distintos períodos culturales, pero  se observa en la mayoría de los casos la existencia de pautas o cánones compositivos preestablecidos. Cada cultura tenía sus formas y diseños distintivos, algunos con rasgos heredados de pueblos anteriores en el tiempo y otros con influencias de culturas venidas de distantes latitudes (Bolivia, Chile, Perú). Fue a través de la cerámica que se pudieron rastrear esos contactos y fusiones estilísticas que la arqueología tuvo acceso al conocimiento de la cosmogonía indígena.

LOS SUPLICANTES

Son piezas escultóricas de piedra de 30 cm. de alto aproximadamente, que representan a un ser humano con un alto grado de síntesis, brazos y piernas con formas de arcos, rostro dirigido hacia arriba, boca y ojos como cilindros protuberantes y nariz aguileña, con sexo masculino, algunos o con vientre abultado que sugiere preñez, otros.

 Son los más altos exponentes del arte escultórico de nuestro pasado, su procedencia es del noroeste argentino. Se los atribuye a la cultura Alamito o  Condor-huasi y su datación corresponde a los comienzos de la era cristiana.

Los llamados suplicantes son las piezas arqueológicas del noroeste argentino que más han atraído la atención de los críticos y artistas  del arte contemporáneo. La cantidad encontrada hasta la fecha alcanza a unos treinta ejemplares, su forma, que los distingue de toda otra talla prehispánica son representaciones simbólicas, imágenes míticas de un personaje que con las manos en su rostro  mira hacia lo alto en actitud de súplica.

 Suplicante La Plata 2

Suplicante La Plata

suplicante 7 09  
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