El arte de los últimos tiempos

 En la década de los setenta parecía que el arte había perdido su rumbo. En l962, con el fin del expresionismo abstracto comenzaron a aparecer en la discursividad artística una importante cantidad de estilos sucediéndose  a una velocidad vertiginosa: abstracción geométrica, neorrealismo, popart, opart, minimalismo, arte povera, etc. Cerca de los ochenta surge el neoexpresionismo, lo que dio la ilusión de que se había encontrado una nueva dirección. Pero más tarde se comprueba que la característica de este período era  la ausencia de dirección.

 La percepción básica del espíritu contemporáneo se formó sobre el principio en el cual todo arte tiene su propio lugar, donde no hay ningún criterio “a priori” acerca de cómo el arte deba verse y donde no hay una narrativa a la que los contenidos del museo deban ajustarse.

Contemporáneo no es un término temporal designa lo que pasa después de terminados los períodos de una narrativa maestra del arte. No hay un estilo identificable, ni nada que no se adapte al arte contemporáneo.  Fundamentalmente, no hay una dirección narrativa. Desaparece la ilusión de progreso.

 En los años setenta y ochenta se esclareció la distinción entre lo moderno y lo contemporáneo, y se comenzó a utilizar el término “posmoderno”, en general se caracterizó por la indiferencia hacia una pureza que Greenberg había considerado como la meta del desarrollo histórico. Cuando no hubo tal meta, terminaron los relatos del modernismo.

Arthur C. Danto reconoce una relativa debilidad del término contemporáneo, como denominación de un estilo, por parecerse más a un mero término temporal por lo que prefiere utilizar la denominación de poshistórico.

Ya no existe una estructura objetiva para definir un estilo; en arte hoy, “todo es posible”. Este período, que comenzó alrededor de l964, cuando se determinó que una definición filosófica del arte no se vinculaba con ningún imperativo estilístico, se manifiesta una conciencia de la historia del arte y la pérdida de fe en una gran narrativa, además no se tiene un alegato contra el arte del pasado. Se produce la separación entre la filosofía y el arte y entonces la crítica se vuelve tan pluralista como el mismo arte.

En nuestro país, en la discursividad escultórica y de otros lenguajes artísticos, se replanteó la necesidad de resignificar la idea de obra, en concordancia con la tendencia imperante, pero manteniendo caracteres propios. Esas búsquedas no se orientaron hacia moldes importados sino manteniendo un afan de revelar y afianzar intertextos y conexiones internas con iniciativas diversas y en múltiples líneas. Apelando en muchos casos a citaciones propias de pasadas culturas latinoamericanas.

Las imágenes son ejemplos de obras de talentosos escultores de estas tierras.

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